Compartimos consejos prácticos y novedades sobre salud bucodental para ayudarte a mantener tu sonrisa. Desde recomendaciones para prevenir caries hasta los últimos avances en ortodoncia e implantes dentales, nuestro equipo de odontólogos expertos en Salamanca te ofrece información valiosa para cuidar tu boca.


La periodontitis tiene un problema de percepción: como avanza sin doler, casi nadie la trata con la urgencia que merece. Se convive con las encías que sangran, con el mal aliento que no se va, con la sensación de que “los dientes se ven más largos”, hasta que un día una pieza se mueve. Y para entonces se ha perdido hueso que no vuelve.
La buena noticia es que la periodontitis tiene tratamiento, y uno bastante eficaz, sobre todo si no se llega tarde. La menos buena, y conviene decirla desde el principio, es que no es un tratamiento de “una vez y ya”: es un proceso con fases y un mantenimiento que dura. Este artículo explica en qué consiste todo eso.

La duda casi siempre llega igual: un diente que lleva días dando la lata y la sospecha de que “esto no se arregla con un empaste”. La pregunta que trae a mucha gente a buscar información es esa: cómo saber si lo mío necesita una endodoncia o es otra cosa.
La respuesta honesta es que el diagnóstico definitivo lo da el dentista con una exploración y una radiografía, porque síntomas parecidos pueden tener causas distintas. Pero sí existen señales bastante fiables de que el nervio del diente está dañado, y conocerlas ayuda a no dejar pasar el momento en que aún se puede salvar la pieza. De eso va este artículo: de reconocer esas señales.

Una infección dental rara vez llega por sorpresa. Casi siempre hay un aviso previo que se dejó pasar: una caries que llevaba tiempo, un diente que molestaba “de vez en cuando”, unas encías que sangraban y a las que no se hizo caso. La infección es el paso siguiente, cuando las bacterias que ya estaban ahí encuentran vía libre.
Es un cuadro que conviene entender bien por dos razones opuestas. Una: la mayoría se resuelven sin drama si se tratan a tiempo. Dos: si se ignoran, están entre los pocos problemas dentales que pueden complicarse de verdad. Este artículo va de distinguir una cosa de la otra y de saber qué hacer.

Hay un tipo de dolor que casi nunca se atribuye a los dientes: el que empieza en la mandíbula, se sube al oído, se extiende a la sien y para el mediodía ya es dolor de cabeza. Quien lo sufre suele pasar antes por el otorrino —convencido de que es del oído— y a veces por el médico de cabecera, buscando la causa de unas cefaleas que no terminan de encajar.
Y la causa, muchas veces, está en una articulación de la que casi nadie ha oído hablar hasta que le falla: la ATM. En este artículo te explico qué es, por qué da problemas y qué se puede hacer, sin dramatizar y sin darlo todo por perdido, porque la mayoría de estos cuadros se controlan bien.

Mucha gente se cepilla los dientes, poca lo hace del todo bien.
No es un reproche, es lo que veo cada semana en la consulta: gente que se cepilla dos y tres veces al día, con toda la voluntad del mundo, y que aun así llega a la revisión con sangrado de encías, sarro en la cara interna de los dientes de abajo o una zona concreta que se le escapa desde hace años. No les falta constancia. Les falta técnica, y nadie se la enseñó.
Cepillarse bien no es cuestión de fuerza ni de dedicarle media vida. Son dos minutos, un movimiento correcto y saber dónde suele fallar la mayoría. Esta guía va de eso.

Empecemos por lo que de verdad te preocupa si has llegado hasta aquí: sí, notar los dientes sensibles después de un blanqueamiento es normal, le pasa a mucha gente, y en la inmensa mayoría de los casos se pasa solo en unos días. No es que algo haya salido mal ni que el blanqueamiento te haya “estropeado” el esmalte.
Dicho eso, entender por qué aparece esa sensibilidad ayuda a llevarla mejor, a acortarla y, sobre todo, a evitarla en buena parte. Eso es lo que verás en este artículo, sin dramatizar y sin restarle importancia.