Un sorbo de agua fría, un helado o simplemente respirar por la boca en una mañana de invierno, y de repente un pinchazo seco en un diente que desaparece a los pocos segundos. Si te pasa, no eres una excepción: la sensibilidad dental al frío es una de las molestias más frecuentes en la consulta.
La pregunta que todo el mundo se hace es la misma: ¿por qué tengo sensibilidad al frío en los dientes y es algo grave? En la mayoría de los casos tiene una causa concreta y fácil de identificar, y casi siempre tiene solución. Pero a veces es la primera señal de algo que conviene tratar pronto. En este artículo te explicamos de dónde viene, cómo distinguir una sensibilidad sin importancia de un aviso, qué puedes hacer en casa y qué se puede hacer en la clínica.

Un diente sano está protegido por dos capas: el esmalte, en la parte que se ve, y el cemento y la encía, en la raíz. Debajo está la dentina, un tejido más blando que rodea el nervio. Mientras la dentina está cubierta, el frío no llega a notarse. Cuando queda al descubierto, sí.
La dentina no es maciza: está atravesada por miles de canales microscópicos, los túbulos dentinarios, que van desde la superficie hasta la pulpa, donde está el nervio. Dentro de esos túbulos hay líquido. Cuando la dentina queda expuesta y esos túbulos dentinarios están abiertos, un estímulo frío hace que el líquido se mueva de golpe, y ese movimiento lo detectan las terminaciones nerviosas como un dolor agudo y breve. Eso es la hipersensibilidad dentinaria.
Que la dentina quede expuesta puede deberse a dos cosas: que se pierda el esmalte que la cubre o que se retire la encía y deje al aire la raíz. Por eso la sensibilidad suele aparecer en el cuello de los dientes, justo en la unión con la encía, que es donde el esmalte es más fino y donde antes se descubre la raíz. El frío es el estímulo más típico, pero también pueden molestar lo dulce, lo ácido o el roce del cepillo.
Detrás de unos dientes sensibles al frío suele haber una de estas causas, o varias a la vez.
El desgaste del esmalte dental tiene tres formas distintas, y conviene saber cuál es la tuya porque se corrigen de forma diferente:
Lo explicamos con más detalle en dientes desgastados.
La erosión dental por ácidos es un desgaste químico: el ácido disuelve el esmalte poco a poco. Las bebidas ácidas y el esmalte no se llevan bien: refrescos, bebidas isotónicas, zumos de cítricos, vino o vinagre, sobre todo si se toman a sorbos durante horas. El reflujo gastroesofágico y la erosión también van de la mano, porque el ácido del estómago llega a la boca, a menudo de noche y sin que la persona lo note. En ese caso, además de proteger los dientes, conviene que el médico valore el reflujo. En esmalte dental dañado tienes más información.
No toda la sensibilidad viene de un desgaste. Una caries incipiente, sobre todo una caries de cuello dental, puede dar sensibilidad al frío y al dulce antes de doler. Lo mismo ocurre con un diente fisurado o una fractura dental pequeña, que suele molestar con el frío y también al morder en un punto concreto. Son casos en los que la sensibilidad es un aviso útil: detectados pronto, se resuelven con un tratamiento sencillo. Hablamos de las fisuras en fisuras dentales.
Con los años, un empaste puede despegarse un poco del diente por el borde. Por esa rendija, que no se ve, entran bacterias y líquidos, y el diente empieza a notar el frío. Los empastes antiguos filtrados o defectuosos son una causa frecuente de sensibilidad en una sola muela, y a menudo esconden una caries debajo. La solución suele ser cambiar la obturación dental filtrada por un empaste nuevo antes de que el problema llegue al nervio.
Cuando la encía se retira, deja al descubierto la raíz del diente, que no tiene esmalte. La recesión gingival es, junto con el desgaste, la causa más habitual de la sensibilidad en el cuello de los dientes. Puede deberse a un cepillado demasiado agresivo, a la enfermedad periodontal o a la posición de los dientes. Te lo explicamos en retracción de encías.
Si además sangran o hay mal aliento persistente, puede haber periodontitis detrás, y entonces lo prioritario es tratar la encía. Lo vemos en periodoncia.
El bruxismo, apretar o rechinar los dientes, es otra causa frecuente de sensibilidad. Las fuerzas que genera desgastan el esmalte de las superficies de masticar, favorecen las abfracciones en el cuello y pueden provocar pequeñas fisuras.
El bruxismo nocturno suele pasar desapercibido porque ocurre mientras duermes. Las pistas son: despertarte con la mandíbula cargada o con dolor de cabeza, dientes con los bordes planos o astillados, marcas en la lengua o en las mejillas y sensibilidad en varios dientes sin causa aparente. Si te encaja, lo habitual es proteger los dientes con una férula de descarga por la noche. Cuando el bruxismo va ligado al estrés, en desgaste dental por estrés tienes más contexto.
La sensibilidad que aparece poco a poco en varios dientes suele ser de desgaste o de encías. La que aparece de golpe, o solo en un diente, merece más atención.
Una sensibilidad dental de repente puede deberse a algo reciente: una limpieza o un blanqueamiento, un cambio de pasta, una temporada de más ácidos en la dieta o un episodio de apretar los dientes. También a una fisura, un empaste que ha cedido o una caries que acaba de llegar a la dentina. Si la sensibilidad es solo en una muela, lo más probable es que haya algo localizado en esa pieza, y conviene revisarla.
No necesariamente. Muchas veces es solo dentina expuesta por desgaste o por encías retraídas, sin caries. Pero una caries también puede empezar dando sensibilidad, y desde casa no se distinguen. Si la sensibilidad es en un diente concreto, no mejora con una pasta para dientes sensibles o aparece también con lo dulce, lo prudente es que lo vea tu dentista. En caries profunda explicamos cuándo no conviene esperar.
Hay una diferencia clave. La sensibilidad típica es un pinchazo breve que desaparece en cuanto retiras el frío. Eso suele indicar que el nervio está sano y que lo que hay es dentina expuesta o una pulpitis reversible, una irritación leve del nervio que se recupera si se elimina la causa.
Si, en cambio, el dolor dental con frío dura mucho después de retirarlo, aparece solo, late, te despierta por la noche o empieza a molestar también con el calor, la inflamación del nervio dental puede ser más seria, lo que se llama pulpitis irreversible. Ese dolor dental agudo no se arregla con una pasta y suele necesitar un tratamiento de endodoncia. Te contamos cómo reconocerlo en síntomas de que necesito una endodoncia.
En Ester Rodríguez Clínica Dental revisamos tu caso y te explicamos las opciones antes de empezar cualquier tratamiento. Pide cita y lo vemos en consulta.
Es frecuente notar algo de sensibilidad tras un empaste, sobre todo si era profundo: el diente se ha trabajado y necesita unos días, a veces unas semanas, para calmarse. Lo normal es que vaya a menos. Si en lugar de mejorar empeora, duele al morder o el dolor se alarga, hay que revisarlo; lo explicamos en ¿duele un empaste?.
La sensibilidad tras un blanqueamiento dental también es habitual y pasajera, porque el gel atraviesa el esmalte. Tienes la explicación completa y cómo llevarla en sensibilidad dental tras el blanqueamiento.
Cuando la causa es dentina expuesta sin otros problemas, hay mucho que puedes hacer en casa.
Una pasta dental desensibilizante es lo primero que se recomienda. Y a la pregunta de cuál es la mejor pasta para dientes sensibles, la respuesta no es una marca, sino el ingrediente:
La clave es la constancia: el efecto se nota a partir de unas semanas de uso diario, no desde el primer día. Un truco que ayuda: después de cepillarte, escupe la pasta sin enjuagarte con agua, para que el producto siga actuando. Si quieres saber por qué el flúor importa tanto, lo explicamos en para qué sirve el flúor en los dientes.
Los remedios caseros que circulan por internet, como enjuagues con bicarbonato, aceites o vinagre, no tratan la causa y algunos pueden empeorar el desgaste.
Si la pasta no es suficiente o la causa necesita algo más, en la consulta hay varias opciones. Cuál conviene depende de qué esté provocando la sensibilidad.
Para la sensibilidad por dentina expuesta, el primer paso suele ser aplicar un barniz de flúor o un adhesivo desensibilizante sobre las zonas sensibles. Son productos que logran el sellado de la dentina, tapando los túbulos abiertos. La aplicación es rápida, no duele y a menudo se nota la mejoría en el momento, aunque puede necesitar repetirse con el tiempo.
La prevención de la sensibilidad dental pasa por proteger el esmalte y la encía:
Conviene pedir cita si la sensibilidad dura más de dos o tres semanas a pesar de usar una pasta para dientes sensibles, si se concentra en un solo diente, si notas que la encía se está retirando o si te molesta también al morder. Cuanto antes se identifica la causa, más sencillo suele ser el tratamiento.
No esperes a la revisión si:
Mientras llegas a la consulta, en qué hacer ante un dolor de muelas fuerte tienes pautas para aguantar. En Ester Rodríguez Clínica Dental valoramos de dónde viene la sensibilidad y te explicamos qué opciones tienes. Si quieres que lo veamos, pide cita.

Sobre la autora
Directora · Fundadora · Colegiada nº 37001149
Odontóloga con más de 15 años de experiencia. Licenciada por la Universidad de Salamanca y directora de Ester Rodríguez Clínica Dental.
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