Compartimos consejos prácticos y novedades sobre salud bucodental para ayudarte a mantener tu sonrisa. Desde recomendaciones para prevenir caries hasta los últimos avances en ortodoncia e implantes dentales, nuestro equipo de odontólogos expertos en Salamanca te ofrece información valiosa para cuidar tu boca.


Casi nadie pide cita por mal aliento. Se pide cita por otra cosa y, en algún momento de la exploración, aparece la frase de lado: "oye, y una cosa que quería preguntarte…".
Es un motivo de consulta incómodo, y encima llega mal orientado. La mayoría de la gente que lo sufre ha pasado antes por el gastroenterólogo, ha probado tres colutorios distintos y vive con caramelos de menta en el bolsillo. Cuando por fin se mira dentro de la boca, la causa suele estar ahí y llevar años estándolo.

Hay una idea instalada que hace mucho daño: que las caries son cosa de niños y que, pasada cierta edad, si nunca has tenido problemas ya estás a salvo.
En consulta veo lo contrario todas las semanas. Gente de cuarenta y cinco o cincuenta años que llevaba décadas sin una sola caries y de pronto le aparecen tres. No es que hayan empeorado su higiene. Es que la boca del adulto tiene puntos vulnerables que la del niño no tiene, y la prevención que funcionaba antes ya no cubre esos puntos.

Nadie sale de la consulta con su primera prótesis y come un filete esa noche.
Es la parte que menos se explica y la que más ansiedad genera: los primeros días notas un cuerpo extraño enorme, la lengua no encuentra sitio, salivas más de lo normal y al hablar te oyes raro. Mucha gente llega a la primera revisión convencida de que la prótesis está mal hecha, cuando lo que está pasando es exactamente lo previsible.
Y otra mucha aguanta en casa cosas que no debería aguantar, porque le dijeron que "hay que acostumbrarse". Distinguir entre las dos situaciones es el objetivo de este artículo.

El dolor de muelas tiene una particularidad que no comparte con casi ningún otro: llega de noche. No porque los dientes tengan horario, sino porque al tumbarte aumenta la presión sanguínea en la cabeza, esa presión se transmite a un tejido inflamado encerrado en un espacio rígido, y ya no hay distracciones que lo tapen.
Y así es como mucha gente pasa una noche entera buscando en el móvil qué tomar, con media cara apoyada en una bolsa de guisantes congelados.
Este artículo va de lo que puedes hacer mientras tanto. Con una advertencia previa: nada de lo que hagas en casa resuelve la causa. Te compra horas para llegar a la consulta en mejores condiciones. No días.

"Cada seis meses". Es la respuesta que da todo el mundo, la que sale en el primer resultado de Google y la que probablemente te dijeron de pequeño.
Es una respuesta cómoda y, para bastante gente, razonable. El problema es que no distingue entre alguien de veinticinco años con las encías sanas, que se cepilla bien y no fuma, y alguien de cincuenta con periodontitis controlada y una prótesis sobre implantes. A esos dos pacientes la misma cifra les sirve regular: a uno le sobra y al otro le falta.
Así que la respuesta útil no es un número. Es saber qué te coloca a ti en un intervalo o en otro.

Casi nadie llega a mi consulta preguntando por una endodoncia. Llegan diciendo "creo que me tienen que matar el nervio", después de dos o tres noches durmiendo a ratos y con el flexo del móvil apuntando a una muela. La palabra técnica les da igual en ese momento. Lo que quieren saber es si va a doler y si van a perder el diente.
La endodoncia arrastra una fama que se ganó hace treinta años y que ya no le corresponde. Hoy es un tratamiento predecible, se hace con anestesia y su objetivo es exactamente el contrario del que la gente teme: conservar la pieza, no sacarla.