La periodontitis tiene un problema de percepción: como avanza sin doler, casi nadie la trata con la urgencia que merece. Se convive con las encías que sangran, con el mal aliento que no se va, con la sensación de que “los dientes se ven más largos”, hasta que un día una pieza se mueve. Y para entonces se ha perdido hueso que no vuelve.
La buena noticia es que la periodontitis tiene tratamiento, y uno bastante eficaz, sobre todo si no se llega tarde. La menos buena, y conviene decirla desde el principio, es que no es un tratamiento de “una vez y ya”: es un proceso con fases y un mantenimiento que dura. Este artículo explica en qué consiste todo eso.

La periodontitis —lo que antiguamente se llamaba piorrea— es la infección de los tejidos que sujetan el diente: la encía y, sobre todo, el hueso. No es un problema del diente en sí, sino de sus cimientos. Y ahí está por qué es tan seria: un diente sano sin cimiento acaba cayéndose.
Casi ninguna periodontitis empieza siéndolo. Empieza como gingivitis: la inflamación de la encía por acumulación de placa, esa fase en la que la encía sangra al cepillarse pero todavía no hay daño en el hueso. La gingivitis es reversible —se resuelve con un buen control de placa—. El problema llega cuando se ignora: la inflamación baja hacia el hueso, se forman bolsas entre diente y encía, y ahí ya hay pérdida de soporte. Eso ya es periodontitis, y ese salto no tiene marcha atrás. Por eso el sangrado de encías nunca debería normalizarse.
El motor de todo esto es la placa bacteriana que no se retira. Con el tiempo se endurece y se convierte en cálculo (sarro), y parte de ese cálculo se forma por debajo de la encía, en las bolsas, donde el cepillo no llega de ninguna manera. Ese cálculo subgingival es un depósito de bacterias pegado a la raíz que mantiene la infección viva. Y aquí está la clave que explica todo el tratamiento: por muy bien que te cepilles en casa, ese cálculo de debajo de la encía no sale cepillándose. Solo se retira en la clínica, con instrumental específico.
La periodontitis es silenciosa, pero no invisible. Estas son las señales a las que hacer caso:
El sangrado y el mal aliento suelen ir juntos; si quieres profundizar en el segundo, lo tratamos en el artículo sobre la halitosis y su tratamiento.
Conviene decirlo sin rodeos porque es lo que está en juego: la periodontitis es hoy la principal causa de pérdida de dientes en adultos, por encima de la caries. No se caen de golpe; se van aflojando a medida que el hueso que los sujeta desaparece. Y ese hueso perdido no se recupera solo. La pérdida de hueso alrededor del diente la tratamos en detalle en el artículo sobre la pérdida ósea dental.
El tratamiento sigue un orden lógico: primero saber cuánto daño hay, luego frenar la infección, y después evitar que vuelva.
Todo empieza por medir. Con una sonda milimetrada se comprueba la profundidad de las bolsas alrededor de cada diente —una encía sana tiene un surco de un par de milímetros; en la periodontitis, esas medidas crecen—. Se combina con radiografías que muestran cuánto hueso se ha perdido. De ese mapa sale la gravedad del caso y el plan de tratamiento. Sin esta medición no hay tratamiento serio: es lo que distingue tratar la periodontitis de “hacer una limpieza”.
Antes y durante todo el tratamiento, el control de la placa en casa es innegociable, porque es lo que evita que se vuelva a formar el problema. Aquí entra una técnica de cepillado e higiene interdental bien hecha; repasamos cómo en cómo cepillarse los dientes correctamente. Un enjuague antiséptico con clorhexidina puede indicarse como apoyo en fases concretas, siempre durante un tiempo limitado y pautado por el profesional, no como uso diario indefinido.
En Ester Rodríguez Clínica Dental revisamos tu caso y te explicamos las opciones antes de empezar cualquier tratamiento. Pide cita y lo vemos en consulta.
Es el tratamiento central de la periodontitis, y el que resuelve la mayoría de los casos sin necesidad de más. También se le llama curetaje o desbridamiento, y consiste en algo muy concreto: limpiar la raíz por debajo de la encía.
Con instrumentos específicos se retira el cálculo y la placa adheridos a la superficie de la raíz dentro de las bolsas —eso es el raspado— y se alisa esa superficie para que las bacterias tengan más difícil volver a agarrarse y la encía pueda cerrarse de nuevo contra el diente —el alisado—. Se hace con anestesia local, por zonas, en una o varias sesiones según la extensión. No es una limpieza dental normal: va bajo la encía y trata la infección en su origen.
En la mayoría de las periodontitis, un raspado y alisado bien hecho más un buen mantenimiento son suficientes para frenar la enfermedad. Este es el terreno de la periodoncia.
Aquí hay un malentendido muy extendido que conviene deshacer: la periodontitis no se cura con antibióticos. El antibiótico, cuando se usa, es un apoyo al raspado, nunca un sustituto. La razón es sencilla: mientras el cálculo siga pegado a la raíz, es un refugio para las bacterias que ningún antibiótico limpia; hay que retirarlo mecánicamente primero.
En algunos casos concretos —formas agresivas, o cuando el raspado por sí solo no controla la infección— el periodoncista puede indicar un antibiótico como coadyuvante, a veces aplicado localmente dentro de la bolsa. Pero eso lo decide y lo pauta el profesional tras valorar el caso. Automedicarse con antibióticos para las encías no cura la periodontitis y contribuye a las resistencias; es, otra vez, retrasar el único tratamiento que funciona.
Cuando las bolsas son muy profundas o el raspado no llega a limpiarlas del todo, existen opciones quirúrgicas. La cirugía periodontal permite acceder a la raíz para limpiarla a fondo bajo visión directa, y en algunos casos se emplean técnicas para intentar regenerar parte del tejido o el hueso perdido, o para corregir encías muy retraídas.
Son procedimientos que valora un especialista en periodoncia según la gravedad y que se reservan para los casos que lo necesitan, no para la periodontitis media, que suele resolverse por vía no quirúrgica. Lo importante es que, incluso en fases avanzadas, casi siempre hay algo que hacer para frenar la enfermedad y conservar dientes.
Esta es la pregunta más buscada y la que más desinformación tiene alrededor, así que la respuesta va clara.
La periodontitis no se cura en el sentido de “volver al estado anterior”: el hueso que ya se ha perdido no se recupera por completo. Lo que sí se consigue —y no es poco— es detener la enfermedad, eliminar la infección, y estabilizar la situación para conservar los dientes muchos años. En ese sentido, la periodontitis se controla más que se cura, y controlarla bien cambia el pronóstico por completo.
Y sobre “curarla en casa”: no es posible, y creerlo es peligroso. En casa puedes —y debes— controlar la placa para no empeorar y para sostener el resultado, pero el cálculo subgingival que mantiene la infección solo se retira en la clínica. Ningún enjuague, gel ni remedio casero llega bajo la encía. El bricolaje aquí no ahorra una visita: hace perder el tiempo en el que aún se podía frenar la pérdida de hueso.
En Ester Rodríguez Clínica Dental revisamos tu caso y te explicamos las opciones antes de empezar cualquier tratamiento. Pide cita y lo vemos en consulta.
Esta es la parte que diferencia un tratamiento que dura de uno que recae. Una vez controlada la infección, la periodontitis tiende a reactivarse si se la deja, así que hace falta un mantenimiento periódico: revisiones y limpiezas profesionales bajo la encía cada pocos meses —el intervalo lo marca tu caso—, para retirar la placa que se vuelve a formar antes de que haga daño otra vez.
No es opcional ni es un extra: es parte del tratamiento. Quien hace el raspado y luego abandona el mantenimiento suele recaer en un par de años. Quien lo cumple conserva sus dientes. Así de directa es la relación.
Cuando la enfermedad ha hecho perder algún diente, los implantes son una opción de reemplazo, pero con una condición que no admite atajos: la periodontitis tiene que estar controlada primero. Colocar un implante en una boca con la infección activa es exponerlo a que le pase lo mismo que a los dientes. Estabilizada la enfermedad y con un buen mantenimiento, la implantología sí es una vía para recuperar las piezas perdidas.
Si te has reconocido en las señales de este artículo —encías que sangran, mal aliento que no se va, dientes que notas moverse—, lo que no conviene es esperar: en la periodontitis, cada mes cuenta en términos de hueso.
En Ester Rodríguez Clínica Dental, en Salamanca, valoramos el estado de tus encías con un diagnóstico periodontal completo y te planteamos el tratamiento que corresponde a tu caso, desde el raspado y alisado hasta el plan de mantenimiento para que el resultado dure. Puedes ver el servicio de periodoncia o ponerte en contacto con la clínica para una valoración.

Sobre la autora
Directora · Fundadora · Colegiada nº 37001149
Odontóloga con más de 15 años de experiencia. Licenciada por la Universidad de Salamanca y directora de Ester Rodríguez Clínica Dental.
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