Hay un tipo de dolor que casi nunca se atribuye a los dientes: el que empieza en la mandíbula, se sube al oído, se extiende a la sien y para el mediodía ya es dolor de cabeza. Quien lo sufre suele pasar antes por el otorrino —convencido de que es del oído— y a veces por el médico de cabecera, buscando la causa de unas cefaleas que no terminan de encajar.
Y la causa, muchas veces, está en una articulación de la que casi nadie ha oído hablar hasta que le falla: la ATM. En este artículo te explico qué es, por qué da problemas y qué se puede hacer, sin dramatizar y sin darlo todo por perdido, porque la mayoría de estos cuadros se controlan bien.

ATM son las siglas de articulación temporomandibular. Son dos, una a cada lado de la cara, y son las que unen la mandíbula con el resto del cráneo.
La ATM es la articulación que conecta la mandíbula —el único hueso móvil de la cara— con el hueso temporal del cráneo, justo por delante de cada oído. Si te colocas los dedos delante de las orejas y abres y cierras la boca, notas cómo se mueve: eso que se mueve bajo los dedos es la ATM.
Entre los dos huesos hay una pieza clave: un pequeño disco de cartílago que hace de amortiguador y permite que el movimiento sea suave. Buena parte de los problemas de la ATM tienen que ver con ese disco y con los músculos que mueven la mandíbula.
La ATM tiene una particularidad que ninguna otra articulación del cuerpo comparte: las dos, la derecha y la izquierda, están unidas por el mismo hueso, así que no pueden moverse por separado. Todo lo que pasa en un lado afecta al otro.
Además es de las articulaciones que más trabajan del cuerpo: se mueve al hablar, al masticar, al tragar —algo que hacemos cientos de veces al día sin pensarlo— y al bostezar. Esa combinación de movimiento constante y de estar gobernada por músculos que también responden al estrés es la que la hace vulnerable.
La ATM es la que hace posible todo lo que la mandíbula necesita hacer, y hace más cosas de las que parece.
A diferencia de una articulación simple, como la de un dedo, que solo abre y cierra, la ATM combina tres movimientos: baja y sube la mandíbula (abrir y cerrar la boca), la adelanta y la retrae, y la desplaza de lado a lado. Esa tercera capacidad, el movimiento lateral, es la que permite triturar la comida con las muelas.
Por eso, cuando la ATM falla, no solo cuesta abrir la boca: cambia la forma de masticar, de hablar y hasta de tragar. Y como es una articulación que no puede tomarse un descanso —no se puede dejar de comer ni de hablar—, un problema aquí se nota mucho en el día a día.
Cuando esta articulación deja de funcionar como debe, se habla de trastorno temporomandibular, disfunción de la ATM o síndrome de la ATM. Son formas de nombrar lo mismo: que algo en la articulación, en el disco o en los músculos que la mueven no está trabajando bien.
No es una única enfermedad, sino un conjunto de problemas que afectan a la articulación y a los músculos masticatorios. En unos casos el origen está en el músculo —tensión y sobrecarga—; en otros, en la propia articulación —el disco que se desplaza, desgaste—; y muchas veces se mezclan las dos cosas. Esa es la razón de que el mismo problema se manifieste de formas tan distintas de una persona a otra.
Si hay un responsable que se repite, es el bruxismo: apretar o rechinar los dientes, casi siempre de noche y sin enterarte. Mientras duermes, la mandíbula puede estar ejerciendo durante horas una fuerza que despierto nunca harías, y esa sobrecarga mantenida se la come la articulación y los músculos.
El bruxismo suele tener mucho de estrés y tensión acumulada, y deja pistas más allá del dolor: dientes que se van aplanando o astillando, sensibilidad, la pareja que se queja del ruido por la noche. Ese desgaste tiene entidad propia y lo tratamos en el artículo sobre los dientes desgastados.
Además del bruxismo, hay otros factores que pueden estar detrás o sumarse: una maloclusión (los dientes no encajan bien al morder), un golpe o traumatismo en la mandíbula, el desplazamiento del disco articular, artrosis de la articulación con la edad, o hábitos que pasan desapercibidos como morderse las uñas, masticar chicle a todas horas o apretar la mandíbula al concentrarse. Rara vez hay una única causa; lo habitual es una combinación.
Lo que hace difícil identificar un problema de ATM es que rara vez se presenta como “dolor de articulación”. Se disfraza de otras cosas.
El síntoma más directo es el dolor en la mandíbula, delante del oído, que empeora al masticar, al bostezar o al final del día. Pero muchas veces el dolor no se queda ahí: se irradia a la cara, a la sien, al cuello. Es frecuente que la persona llegue quejándose de dolor de cabeza o de tensión cervical sin sospechar que el origen está en cómo aprieta la mandíbula.
Ese “clic” al abrir la boca, o una especie de roce o crujido, es de los signos más característicos. Tiene que ver con el disco articular, que no se mueve de forma coordinada con el hueso. Un chasquido aislado y sin dolor no siempre es motivo de alarma, pero si va acompañado de molestias o va a más, conviene valorarlo.
Hay más pistas que suelen pasar por alto: sensación de que la boca no abre lo de antes, o de que se queda “enganchada” un instante; dolor de oído sin infección, con el otorrino diciendo que el oído está perfecto; mareo o sensación de taponamiento; y la mandíbula tensa o cansada al despertar. Si varios de estos coinciden, apuntan a la ATM.
En Ester Rodríguez Clínica Dental revisamos tu caso y te explicamos las opciones antes de empezar cualquier tratamiento. Pide cita y lo vemos en consulta.
La disfunción de la ATM es un terreno compartido entre varios profesionales, y esa es una de las razones por las que a mucha gente le cuesta encontrar respuesta: va dando tumbos de una especialidad a otra.
El dentista es, en la mayoría de los casos, la puerta de entrada correcta, porque el origen más frecuente —el bruxismo y cómo encajan los dientes al morder— es odontológico, y porque el tratamiento de base más habitual, la férula de descarga, se hace desde la consulta dental. Cuando el caso lo requiere, entran otros profesionales: la fisioterapia ayuda a relajar y rehabilitar la musculatura, y los cuadros más complejos pueden necesitar a un cirujano maxilofacial. Lo importante es empezar por un diagnóstico que ordene el problema en vez de ir probando.
En Ester Rodríguez Clínica Dental, en Salamanca, valoramos el dolor de mandíbula y los signos de disfunción de la ATM desde el lado odontológico: revisamos cómo muerdes, el estado de los dientes y el desgaste, y si hay bruxismo detrás. A partir de ahí planteamos el abordaje que corresponda o te orientamos hacia el profesional adecuado si el caso se sale de lo dental. Puedes ver el conjunto de nuestros tratamientos.
El diagnóstico empieza por lo más simple y más importante: escuchar y explorar. Dónde duele, desde cuándo, si aprietas por la noche, si ha habido un golpe. Después viene la exploración de la articulación y de los músculos —palpar, oír los ruidos, medir cuánto abres la boca, ver cómo se desvía la mandíbula al abrir— y la revisión de cómo encajan los dientes y del desgaste que presentan.
En algunos casos hacen falta pruebas de imagen para ver el hueso o el disco. Pero la mayor parte del diagnóstico se hace en la consulta, con las manos y las preguntas adecuadas. De ahí sale si el problema es más muscular o más articular, que es lo que decide el tratamiento.
Una idea que conviene dejar clara desde el principio: la gran mayoría de los problemas de ATM se controlan sin cirugía. El objetivo del tratamiento no siempre es “curar” en el sentido de dejar la articulación como nueva, sino quitar el dolor, recuperar la función y frenar el daño. Y eso se consigue casi siempre por vías conservadoras.
Es el tratamiento de base más habitual cuando hay bruxismo. La férula de descarga es un aparato a medida, normalmente transparente, que se coloca sobre los dientes al dormir. No “cura” el bruxismo, pero hace dos cosas importantes: reparte la fuerza para que la articulación y los músculos sufran menos, y protege los dientes del desgaste. Para bastante gente es lo que corta el círculo de dolor por las mañanas.
La férula no se pone y se olvida: se desgasta y hay que revisarla. Lo explicamos en detalle en cada cuánto hay que revisar la férula dental.
Cuando parte del problema está en cómo encajan los dientes al morder, puede tener sentido ajustar esa mordida. En ocasiones el desajuste tiene que ver con dientes mal alineados, y ahí la ortodoncia puede formar parte de la solución a medio plazo. No es lo primero que se hace ni sirve para todos los casos: se valora cuando el diagnóstico lo justifica.
Existen tratamientos adicionales para los casos que no responden a lo anterior —desde la infiltración de toxina botulínica en la musculatura hasta procedimientos sobre la propia articulación—, que corresponden a profesionales especializados como el cirujano maxilofacial. No son tratamientos que se hagan en nuestra consulta; los mencionamos para que sepas que, si tu caso lo necesita, existen más pasos posibles y a quién se recurre.
En muchos trastornos de la ATM, sobre todo los de origen muscular, la fisioterapia especializada ayuda a relajar la musculatura, mejorar la movilidad y reducir el dolor, y suele combinarse bien con la férula. No es un servicio que ofrezcamos nosotros, pero forma parte del abordaje en bastantes casos, y por eso conviene tenerlo en el mapa.
En Ester Rodríguez Clínica Dental revisamos tu caso y te explicamos las opciones antes de empezar cualquier tratamiento. Pide cita y lo vemos en consulta.
Mientras llegas a una valoración, o como apoyo al tratamiento, hay medidas sencillas que ayudan a bajar la sobrecarga:
Son medidas de alivio, no un tratamiento. Si el dolor persiste más allá de unos días o va a más, no lo dejes correr.
Un problema de ATM leve y puntual puede resolverse solo. Pero cuando el cuadro se mantiene y se ignora durante mucho tiempo, tiende a complicarse: el dolor puede cronificarse y volverse más difícil de tratar, el desgaste dental por el bruxismo avanza y puede llegar a fracturar piezas o a obligar a rehabilitarlas, y la limitación para abrir la boca puede aumentar. Las cefaleas y el dolor cervical asociados se instalan y afectan al día a día.
La razón para no esperar no es alarmista, es práctica: cogido pronto, un trastorno de ATM suele controlarse con medidas conservadoras y sencillas. Cronificado, cuesta mucho más. Si te reconoces en varios de los síntomas de este artículo —dolor de mandíbula, chasquidos, dolores de cabeza al despertar, la sensación de apretar por la noche—, lo sensato es una valoración. En Ester Rodríguez Clínica Dental la hacemos desde el punto de partida más frecuente, que es el odontológico, y te decimos con claridad qué necesita tu caso.

Sobre la autora
Directora · Fundadora · Colegiada nº 37001149
Odontóloga con más de 15 años de experiencia. Licenciada por la Universidad de Salamanca y directora de Ester Rodríguez Clínica Dental.
Conoce a Ester Rodríguez Sánchez